1 de Mayo

By manuperez

Hace unos 15 minutos que ha comenzado el 1º de Mayo, esa fecha teñida de rojo en los calendarios y que nos deja siempre perplejos por la ubicuidad entre los otros números que van desgranando pedacitos de nuestra vida, y digo lo de perplejos porque todavía uno no se ha acabado de acostumbrar por qué una fiesta de los trabajadores es tan… digamos… aséptica, aunque no sé si esta es la palabra. Lo que digo es una reflexión acerca de como las festividades incrustadas en nuestro año laboral tienen todas su aparente ego: la religión, los acontecimientos sociales, los días de…, todas se celebran con algún sentido de aniversario, de fiesta familiar o, con más profusión en nuestros días, de celebración social  mediática pues ya se encargan los informadores, publicistas, economistas, etc. de recordarnos lo que hay que hacer y sobre todo como hay que gastar nuestro tiempo y nuestro dinero. Pero el 1 de mayo está ahí, en medio, sin pedir ningún tributo a cambio de su disfrute, salvo en las ocasiones como la presente, en que sirve como pilar de un gigantesco puente de escapadas, idas y venidas de las masas que en las más de las ocasiones no son capaces de advertir que el descanso, la vacación estriba en eso, en descansar, en vagar por las cercanías sin hacer nada, sin pensar, en dejarse llevar lo más lejos posible en nuestros adentros, para lo cual, a veces, sólo es necsaria la calma de una noche estrellada en el jardín de nuestra propia casa. En fin, y a pesar de todo, bienvenido a este nuevo 1 de mayo, aunque sólo sea para recordarnos que el trabajo dignifica a la persona cuando  es digno, cuando nos permite no trabajar y seguir mirando las estrellas.

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