Vienen tiempos de políticos, hay elecciones a la vista y cada buque insignia de cada ideología lanza las consignas al resto de su flota para que a lo largo y ancho de este mar de creyentes, escépticos, curiosos o desencantados del festín, nos largen sus máximas, sus sonrisas, sus atractivas proclamas y, en el caso de que la flota enemiga ataque por el flanco más inesperado, entonces, casi siempre entonces, nos queda una salva que lanzar al aire para que al final caiga sobre el enemigo: y tú…más.
A mí, esta manera de resolver los conflictos me produce una especie de risa interna en la que yo sólo me regodeo. No acabo de entender como personas a las que, en muchos casos, se les suponen sus estudios y su preparación son capaces de argüir argumentos del tipo: me acusas de que he robado, pero como tú hace dos años robaste más, pues eso… ¿de qué me culpas? Yo culparía a los dos y, lo tengo muy claro, mandaría a los dos al carajo.